La Educación Adventista nació en los Estados Unidos y floreció en Sudamérica con la misma visión: educar protegiendo de los efectos nocivos de una edu-cación posmoderna. El objetivo de la red siempre fue preparar a los alumnos para que tengan una sólida formación moral.

En América del Sur, la historia de la Educación Adventista comienza por los lejanos días de 1893 con docentes capacitados que inspiraron a las generaciones de  educadores que los sucedieron y que son referencia hasta hoy. Los colegios con internado llegaron rápidamente, cumpliendo el papel de proveer formación más calificada y segmentada. Así las instituciones adventistas ganaron prestigio en la sociedad ya en el comienzo del siglo XX. En esa época, no solo las familias adineradas o de personalidades públicas querían lo mejor en educación, sino también la comunidad percibió el beneficio de invertir en valores y en calidad de enseñanza desde temprano.

Con amor y dedicación, los educadores pioneros de lo que sería la red mundial de Educación Adventista les mostraron a los alumnos que existe algo más noble que debe ser alcanzado y que cada persona puede dar su cuota de contribución a la sociedad. Los pequeños aprendieron que la conciencia tranquila vale más que mucho dinero en la cuenta, y que tener un buen carácter y ser aceptado da un retorno mayor que la satisfacción momentánea promovida por los aplausos del mundo. Los maestros enseñaron que obtener la excelencia académica es un paso en la dirección del éxito que va más allá de la elección de la profesión. Basados en principios morales ampliamente valorados, hicieron que los alumnos entendieran que todo lo que tuvieran que realizar debería ser hecho de la mejor manera posible. Así, les inculcaron la noción de la mejora constante.

La red fue creciendo en el territorio sudamericano. Se organizó y ganó notoriedad. Hoy, existen más de cuatrocientos centros, entre escuelas, colegios y universidades, en los que casi noventa mil alumnos, solo en los países de habla hispana (Repúblicas de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay y Uruguay), reciben lo mejor en educación. La Educación Adventista invierte fuertemente en la formación de sus docentes, para que el beneficio se sienta en el alto nivel que se ofrece a los alumnos y para que ellos muestren el resultado, como por ejemplo, en los exámenes de ingreso a la Universidad.

Y no es solo en eso. Varias otras conquistas profesionales y académicas son trofeos que se unen a la base moral firme y ampliamente reconocida de nuestra red, convencida de que una buena historia en el pasado es un fuerte estimulo para un presente y un futuro brillantes.

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